Cuando se trata de Coachella, las expectativas siempre son altas, y este año no fue la excepción. Durante el primer fin de semana, nombres como Justin Bieber, Sabrina Carpenter o Turnstile dejaron huella con presentaciones destacadas. Sin embargo, el español también tuvo un papel protagónico: entre shows potentes y momentos clave, artistas de distintos países lograron conectar con el público y dejaron el listón alto para lo que viene. A continuación, repasamos las presentaciones más importantes.
Te puede interesar:Coachella 2026: los actos clave de uno de los festivales más esperados del año
Karol G
Era simplemente imposible no comenzar por Karol G. La colombiana no solo encabezó el festival, sino que hizo historia al convertirse en la primera mujer latina en liderar Coachella en más de dos décadas, un hito que por sí solo ya marcaba el tono de su presentación. Con un show de gran escala y cerca de 90 minutos de duración, “La Bichota” construyó un espectáculo pensado como una celebración de la cultura latina: una mezcla de reguetón, pop, mariachis y otros sonidos que funcionaron como declaración de identidad en uno de los escenarios más importantes del mundo.
Pero más allá del logro histórico, su presentación se sostuvo en los detalles. Invitadas como Becky G y la aparición de Wisin reforzaron ese puente entre generaciones del género, mientras que momentos como su interpretación de ‘Mi Tierra’ o el llamado a ondear banderas latinoamericanas convirtieron el show en un acto colectivo de orgullo y representación. Uno de los momentos más destacados de la noche fue la presentación de una canción inédita junto a Greg González, líder de Cigarettes After Sex. Karol G explicó al público que la canción, aún sin título ni lanzamiento oficial, surgió como un tema personal sobre la pérdida de un ser querido y la ausencia.
Así, entre escenografías ambiciosas, cambios de ritmo y un cierre cargado de pirotecnia con ‘Provenza’, Karol no solo entregó uno de los sets más comentados del fin de semana, sino también uno de los más significativos en la historia reciente del festival.
Cachirula y Loojan
Si lo de Karol G fue historia desde el escenario principal, lo de Cachirula y Loojan se sintió como un momento clave desde la trinchera independiente. La dupla mexicana llevó el reggaetón mexa al escenario Sonora con un show explosivo que convirtió la carpa en una auténtica fiesta: beats contundentes, energía constante y una conexión inmediata con el público que terminó por posicionarlos como uno de los actos más comentados del fin de semana. No era solo un concierto, sino la confirmación de que una escena local —nacida en lo underground— puede encontrar su lugar en uno de los festivales más grandes del mundo.
Pero lo que realmente definió su presentación fue la actitud. Entre perreo sin pausa, interacción directa con los fans y consignas como “más perreo, menos odio”, el dúo construyó un show tan irreverente como representativo de su propuesta. Con una bandera mexicana ondeando y un cierre cargado de intensidad, Cachirula y Loojan no solo encendieron el escenario, sino que dejaron claro que el reggaetón mexicano ya no es una promesa emergente, sino una realidad que empieza a hacerse sentir a nivel global.
Carolina Durante
La presencia de Carolina Durante en Coachella fue una de las más directas y viscerales dentro de la representación española. La banda madrileña llevó el indie rock al escenario Sonora con un show cargado de energía y actitud, apostando por guitarras crudas y una ejecución sin adornos. Temas como ‘Normal’ o ‘Verdes, césped’ sirvieron como eje de una presentación que, pese a la barrera del idioma, logró conectar con un público internacional desde lo emocional y lo inmediato.
Más que un despliegue visual, su show se sostuvo en la intensidad y en una identidad clara. En un festival dominado por grandes producciones, Carolina Durante ofreció un set que recordó el poder de lo básico: banda, canciones y actitud. Su paso por Coachella no solo reafirmó su crecimiento fuera de España, sino que también evidenció que el rock en español todavía tiene espacio en circuitos globales donde el idioma deja de ser una barrera.
Los Hermanos Flores
Si lo de otros artistas latinos pasó por el espectáculo o la energía, lo de Los Hermanos Flores fue una celebración directa de la memoria. La histórica agrupación salvadoreña debutó en Coachella con un show en el Outdoor Theatre que convirtió el desierto en una pista de cumbia cargada de nostalgia, identidad y orgullo centroamericano. Con un repertorio de clásicos como ‘Yo viviré’ o ‘La cumbia es una hembra’, la banda logró algo poco común en este tipo de festivales: transformar su presentación en un punto de encuentro para la diáspora, con banderas, coros colectivos y una conexión inmediata con el público latino.
Pero más allá de lo musical, su presentación tuvo un peso simbólico evidente. Desde visuales con los colores de El Salvador hasta momentos dedicados explícitamente a los migrantes —como la interpretación de temas ligados a la experiencia de dejar el país—, el show funcionó como un acto de representación en uno de los escenarios más importantes del mundo. En medio de un lineup dominado por figuras globales, Los Hermanos Flores no solo llevaron la cumbia a Coachella, sino que la convirtieron en un vehículo de identidad, comunidad y visibilidad para una región que pocas veces ocupa ese espacio.
Rusowsky
Ya desde hace algunos años, Rusowsky se ha consolidado como uno de los referentes de la escena alternativa en español, por lo que su debut en el festival reunió a cientos de asistentes expectantes. Desde el escenario Sonora, el artista presentó un show íntimo y experimental, donde lo urbano y lo electrónico se mezclaron en una propuesta que apostó por la atmósfera antes que por el impacto inmediato. Con temas como ‘MalibU’ o ‘BBY ROMEO’, su set se construyó desde lo emocional y lo minimalista.
En contraste con otros actos más explosivos del fin de semana, su presentación funcionó como un espacio de pausa dentro del festival. Lejos del mainstream, Rusowsky logró captar la atención de un público diverso precisamente por esa sensibilidad distinta, confirmando que hay una escena española que no busca encajar en lo convencional, sino expandir los límites sonoros dentro de plataformas globales como Coachella.
Los Retros
Más allá de los nombres más visibles, la presencia de Los Retros también habló de otro tipo de representación latina: una más íntima, menos mediática, pero igual de relevante. Desde el escenario Sonora —tradicionalmente reservado para propuestas alternativas—, el proyecto liderado por Mauri Tapia llevó su característico sonido lo-fi y nostálgico a un público que encontró en su set un respiro dentro del ritmo frenético del festival.
A diferencia de otros actos latinos, su presentación no estuvo marcada por grandes titulares ni momentos virales, sino por una conexión más silenciosa con quienes ya seguían su música. Entre guitarras suaves, texturas envolventes y una estética melancólica, Los Retros construyeron uno de esos shows que no necesariamente dominan la conversación, pero sí consolidan su lugar dentro de una escena global cada vez más diversa. En un festival como Coachella, ese tipo de presencia también cuenta —y cada vez más.
Morat
El turno de Morat tenía algo de deuda pendiente. Tras más de una década de carrera, la banda colombiana finalmente debutó en el festival con un show que, lejos de apostar por lo espectacular, se sostuvo en lo que mejor saben hacer: canciones coreadas de principio a fin. En el escenario Gobi, el grupo construyó una presentación marcada por la cercanía, con un repertorio que incluyó temas como ‘No se va’ o ‘Cuando nadie ve’, y un público que respondió cantando en español en uno de los festivales más grandes del mundo .
Pero el momento clave llegó con la aparición de Paulina Rubio, en una colaboración cargada de simbolismo. Juntos interpretaron ‘Mi nuevo vicio’, la canción con la que Morat dio sus primeros pasos en la industria, cerrando así un círculo más de diez años después . Más que un gesto nostálgico, la invitación funcionó como puente entre generaciones del pop latino y como recordatorio de su propio recorrido: de promesa emergente a banda capaz de llenar escenarios internacionales sin necesidad de artificios, solo con canciones que siguen encontrando eco en el público.
RØZ
En una línea similar a la de otros proyectos emergentes, el paso de RØZ por Coachella representó más una declaración de llegada que un momento mediático masivo. El dúo mexicano debutó en el festival desde el escenario Sonora con un show que mezcló pop, reguetón y electrónica, reafirmando esa identidad híbrida que los ha venido posicionando dentro de la nueva ola mexicana. En un entorno dominado por grandes producciones, su presentación apostó por la versatilidad sonora y una energía más cercana.
Su set funcionó como una muestra clara de hacia dónde se está moviendo cierta escena latina: sonidos más electrónicos, cruces de géneros y una ambición internacional que ya no pasa únicamente por el mainstream tradicional. Sin necesidad de momentos virales o invitados sorpresa, RØZ construyó una presentación coherente con su propuesta y dejó claro que este tipo de proyectos también tienen un lugar dentro del mapa global del festival.
Mëstiza
El cierre de la representación española llegó con Mëstiza, quienes llevaron su propuesta al Yuma Tent, el espacio más enfocado en la electrónica dentro del festival. El dúo apostó por una fusión entre beats electrónicos y raíces flamencas, construyendo un set bailable que destacó por su identidad sonora y su capacidad de transformar la pista en una experiencia cultural.
Más allá del ritmo, su presentación también tuvo un componente simbólico claro. Con su proyecto Spanish Chica como base, Mëstiza articuló un discurso de reivindicación cultural y empoderamiento femenino que atravesó todo el show. En un entorno dominado por la electrónica global, su propuesta demostró que lo tradicional también puede dialogar con lo contemporáneo, consolidando la presencia española como una de las más diversas dentro del festival.
Gordo
En el terreno de la electrónica, la presencia de Gordo aportó otro matiz a la representación latina en Coachella. El DJ y productor de raíces nicaragüenses se presentó en el Yuma Tent —el espacio más cercano a la experiencia de club dentro del festival— con un set enfocado en el house y el techno, géneros que ha venido explorando en su etapa más reciente. Lejos del espectáculo visual de otros escenarios, su propuesta se sostuvo en la continuidad del beat y en una construcción progresiva pensada para la pista.
Con una trayectoria que lo ha llevado de festivales masivos a residencias en clubes, Gordo llevó a Coachella un sonido que conecta con esa tradición nocturna, demostrando que la presencia latina en el festival no solo pasa por el pop o el reguetón, sino también por circuitos más underground donde el impacto se mide de otra manera.
Mención honorífica: Luísa Sonza
Si bien su música no está en español, la presencia de Luísa Sonza en Coachella funcionó como una de las muestras más claras de la expansión del pop brasileño en el circuito global. Con un show cargado de coreografías, cambios de ritmo y una estética cuidada al detalle, la artista llevó al escenario una propuesta que osciló entre el funk carioca, el pop y la electrónica, reafirmando su lugar como una de las figuras más visibles de la nueva ola brasileña. Su presentación no solo destacó por lo visual, sino por la forma en que logró traducir su identidad artística a un público mayoritariamente internacional.
Pero más allá del espectáculo, su set también dejó uno de los momentos más comentados del fin de semana con la aparición sorpresa de Emilia Mernes. Juntas interpretaron temas como ‘Bunda’ y ‘Motinha 2.0’, en una colaboración que no solo encendió al público, sino que evidenció el alcance regional del pop latino actual . Más que un simple cameo, la intervención reforzó la idea de una escena conectada entre países y generaciones, consolidando un mensaje claro: el pop latino —y especialmente el brasileño— no solo está creciendo, sino articulándose como un bloque cada vez más visible dentro del mapa global.


